Satanás es el jefe de todos los demonios, es la perversa “serpiente antigua” que tentó a Adán y Eva en el Edén. Su poder e influencia sobre la Humanidad es tan grande que Jesucristo lo llamó “príncipe de este mundo” y “dios de este mundo”. Conocido como el “Padre de la Mentira”, Satanás tienta a los hombres de mil y una formas. 

Satanás o Satán, según la mayoría de fuentes incluyendo la perspectiva canónica del Cristianismo, no es otro que el mismo Lucifer. Así, “Satanás” o “Satán” se utilizan en general para designar al Diablo después de la caída[1] en tanto que “Lucifer” se usa generalmente para referirse al Diablo en su esplendor primigenio y previo a la caída.

El nombre, derivado a partir del latín “Satāna”, tiene en realidad su raíz en el arameo, lo cual se debe a que  “Satāna” se origina a partir del hebreo “satán”, término que significa “adversario”, “ enemigo” o  “acusador”.

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El nombre “Satanás” en el Antiguo Testamento.

En cuanto a su aparición en el Antiguo Testamento, “Satanás” es un nombre que se ha introducido para reemplazar a la palabra hebrea “satán” en ciertos contextos; mientras, en los otros casos simplemente el vocablo “satán” ha sido traducido como “adversario”, “enemigo”,  “acusador”, etc. El punto es que, en su forma original hebrea, cuando el Antiguo Testamento usó “satán” aplicado al Diablo, lo hizo no a manera de un simple nombre propio (como “Satanás” en nuestras traducciones) sino a manera de título nominal que aludía al rol (o a los roles) del Diablo. Por ello, si las traducciones hubiesen sido más fidedignas, entonces nos hallaríamos con expresiones como: “Adversario”, “Acusador”, “Enemigo”, etc. Esto es así ya que en el hebreo no existen mayúsculas pero evidentemente existen nombres propios; de modo que, por lo que se ha dicho hasta ahora, traducir “satán” como “Satanás” no es sino un artificio para convertir lo que era un título nominal en un nombre a secas, ya que en español, al igual que “David” o “Emmanuel”, no significa nada por sí mismo y solo cobra significado si se averigua su etimología…Lejos de ser una cuestión superflua, lo anterior es de gran importancia para entender la naturaleza de Satanás ya que nos permite ver que, para los judíos, el ser que nosotros conocemos como “Satanás” o “Satán” era un ser que cobraba individualidad y esencia a raíz de la oscura función que él y solo él desempeñaba en el marco de la relación entre Dios y los hombres…

Concretizando, en versiones como la de la Reina Valera de 1960, el vocablo “satán” ha sido traducido 14 veces mientras que en 19 veces se ha elegido la opción del nombre propio “Satanás”; pero, como lo que interesa en este artículo es Satanás entendido como el Diablo, entonces solo nos ocuparemos de los casos en que “satán” se convirtió en “Satanás”. Esos casos son los siguientes:

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El Libro de Job: Es el libro que más habla de Satanás en el Antiguo Testamento, 14 de las 19 menciones de Satanás en el Antiguo Testamento de la Reina Valera de 1960 están dentro de él. Éste, que para algunos habría sido el primer libro de la Biblia en escribirse (anterior incluso al Génesis), nos presenta la historia de un hombre que es virtuoso y que nunca le ha fallado a Dios. No obstante el Diablo convence a Dios para probar a Job bajo el argumento de que Job no le ha fallado porque solo ha obtenido prosperidad de Dios y que, en cuanto tenga enfermedad, miseria y otros males, no dudará en maldecirlo y por tanto le fallará. Cito: ‹‹Aconteció que otro día vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y Satanás vino también entre ellos presentándose delante de Jehová. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondió Satanás a Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa? Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza›› (Job 2:1-7). Como se ve, el libro no deja dudas de que ese Satanás es el Diablo pues se dice que salió de la presencia de Dios luego de hablar con él (por lo cual estaba en presencia de Dios) y, además, cuando Dios le preguntó de dónde venía él respondió que de rodear la tierra y andar por ella, lo cual da a entender que en poco tiempo dio la vuelta al mundo, cosa obviamente imposible para un ser humano. Ahora, lo anterior no basta para afirmar que es el Diablo pero, por sentido común y por la naturaleza de acusador que se sabe que tiene y que la tradición teológica le ha dado en gran parte a partir de este pasaje, no queda duda alguna sobre el hecho de que ese “adversario” era “El Adversario”…De ese modo, queda claro que el Libro de Job, a nivel teológico, representa a Satanás como un ser perverso que es suspicaz con la naturaleza humana y desea que Dios ponga a prueba al hombre a través de las vicisitudes de la vida.

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El libro de Zacarías: La mención que aquí se hace de Satanás es ciertamente escueta pero tiene bastante peso por el carácter simbólico que se le ha dado. A saber: en un plano literal vemos a Satanás de forma pura en su papel de acusador, aquí él acusa al hombre ante Dios porque desea la condenación del hombre; mientras, el ángel del señor hace que le cambien las vestiduras y le den nuevas vestiduras limpias. Lo anterior, teológicamente hablando, representa lo siguiente: Satanás es el acusador de la Humanidad, el que quiere que Dios no le perdone sus pecados; no obstante, Jehová (Dios) se refiere a sí mismo en tercera persona porque la doctrina de la Trinidad está implícita en el pasaje en tanto que el “ángel de Jehová” representa a Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad: por ello, en última instancia el pasaje de Zacarías alude al hecho de que Satanás es quien acusa a la Humanidad (representada en Josué) y busca su condenación mientras que Dios, en su misericordia, purifica a la Humanidad de sus pecados (eso es el cambio de vestiduras) y la perdona volviéndola salva. El pasaje en cuestión es el que sigue (solo se lo menciona 3 veces):  ‹‹Me mostró al sumo sacerdote Josué,  el cual estaba delante del ángel de Jehová,  y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás;  Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda.   ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles,  y estaba delante del ángel. Y habló el ángel,  y mandó a los que estaban delante de él,  diciendo: Quitadle esas vestiduras viles.  Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado,  y te he hecho vestir de ropas de gala›› (Zacarías 3:1-2)

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Salmos 109:6: En este salmo del rey David solo se lo menciona en esta línea: ‹‹Pon sobre él al impío, /y Satanás esté a su diestra››. Ciertamente es irrelevante su mención aquí si la comparamos con las menciones de los textos antes mencionados, sobre todo si tenemos en cuenta que probablemente, a diferencia de los casos anteriores, aquí los traductores pudieron haber abusado poniendo “Satanás” cuando, por el contexto del salmo, bien pudo haber ido “enemigo” o “adversario” como en tantos otros salmos del rey David en los que él habla de sus enemigos; esta, al menos, es la perspectiva de algunos grupos protestantes. En cuanto a su sentido teológico y dando por sentado que esté bien la traducción, la línea es obviamente una petición a Dios para que castigue al impío dándole la compañía constante de Satanás, actitud esta que incuestionablemente pertenece a la mentalidad sancionadora y revanchista del Antiguo Testamento.

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1Crónicas 21:1:
Aquí otra vez Satanás, al igual que en Job, busca que el hombre sea tentado para que así pueda ser castigado; solo que, a diferencia de Job, David sí cae en la tentación y así Satanás obtiene que Dios castigue a Israel en la cual mueren nada más y nada menos que 70000 israelitas inocentes que nada tenían que ver con el error del rey David…La línea en que Satanás se menciona es esta: ‹‹Satanás conspiró contra Israel e indujo a David a hacer un censo del pueblo››. Profundizando un poco mediante la interpretación teológica, este pasaje nos muestra que muchas veces Satanás tienta a los gobernantes para que cometan errores que luego habrán de repercutir en el bienestar de todo el pueblo; ya que, y consecuentemente con lo que enseña el profeta Ezequiel (la enseñanza de Ezequiel se sintetiza en que cada cual es responsable de su pecado y únicamente de su pecado), no podemos pensar que Dios haga pagar justos por pecadores, por lo cual habría que interpretar el pasaje de la manera dicha y dejar aquella situación como una excepción…

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Satanás en el Nuevo Testamento

Aquí, a diferencia de en el apartado anterior, no nos centraremos tanto en el nombre “Satanás” como en la entidad que representa: el Diablo. La razón de esto es que, dejando de lado la presencia del Diablo en el Génesis, todo lo esencial que el Antiguo Testamento puede decir del Diablo después de su caída está presente en lo que son sus apariciones bajo el nombre de “Satanás”.

Ahora bien, lo primero que hay que tener en cuenta es que es el Nuevo Testamento el que más importancia da al Demonio. De hecho es Jesucristo la figura bíblica que más habla del Diablo y prácticamente siempre lo hace llamándolo “Satanás”. Por ello los Evangelios constituyen el espacio bíblico en que por primera vez la figura del Diablo se desarrolla de manera detallada como un ser que en esencia busca oponerse a Dios al punto de ser un enemigo personal de su Hijo y por tanto de él mismo; en contraste, en el Antiguo Testamento el Diablo era básicamente un acusador y un tentador, un enemigo de la Humanidad que lógicamente era también enemigo de Dios pero no obstante era su papel de enemigo de la Humanidad (como acusador y tentador) el que cobraba relevancia bíblica. También es en los Evangelios donde por primera vez se complementa a la figura del Diablo con la teoría del infierno eterno al cual están destinados sus ángeles y todos aquellos que sigan el sendero de la oscuridad. Finalmente, son los Evangelios los que nos dan una descripción más detallada de la personalidad del Diablo (es homicida, es un mentiroso consumado) y de su poder (es “príncipe de este mundo”, tiene varios demonios a sus servicios). Pero todo lo anterior es en general, veamos pues ciertos aspectos puntuales.

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Los nombres y títulos de Satanás en el Nuevo Testamento

Los nombres y títulos de Satanás expresan muchas veces su esencia y las actividades que éste ejerce en relación a Dios y a los hombres. El cardenal Jorge A. Medina Estévez nos da los siguientes dentro de una publicación suya titulada Satanás y su obra:

  • Diablo (Apc 12, 9; Jn 8, 44);
  • Demonio (Mt 7, 22; Mc 1, 34; Lc 4, 41);
  • Príncipe de este mundo (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11);
  • Príncipe de los demonios (Mt 9, 34; 12, 24; Mc 3, 22; Lc 15, 15);
  • Beelzebub (Mt 10, 25; 12, 27; Mc 3, 22; Lc 1 1, l5.18s);
  • Mentiroso (Jn 8, 44; 1 Jn 2, 22);
  • Padre de la mentira (Jn 8, 44);
  • Pecador desde el principio (1 Jn 3, 8);
  • Tentador (Mt 4, 3; 1 Tes 3, 5);
  • Maligno o Malo (Mt 5, 37; Jn 17, 15; 1 Jn 5, 18s; Ef 6, 16);
  • Espíritus inmundos o impuros (Mt 12, 43; Mc 1, 26; 9, 24; Lc 9, 42);
  • Homicida desde el principio (Jn 8, 44):
  • Señor de la muerte (Hebr 2, 14);
  • Dragón (Apc 12, 9);
  • Serpiente antigua (Apc 12, 9; ver Gen 3, 1ss);
  • Belial (2 Cor 6, 15);
  • Enemigo o Adversario (Mt 13, 39; Zac 3, 1s);
  • Dios de este mundo (2 Cor 4, 4);
  • Poder de las tinieblas (Lc 22, 53; Col 1, 13);
  • Seductor del mundo entero (Apc 12, 9);
  • Ángel de Satanás (2 Cor 12, 7).
  • Acusador (Apc 12, 10).

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Satanás el “Señor de la Muerte”

Una de las cuestiones teológicas más importantes en relación a Satanás es la que se deriva de la misión de Cristo. Así, se da que a Satanás se le llama “Señor de la Muerte” y Jesús nos dice que era “homicida desde el principio” por lo siguiente: teológicamente hablando fue el pecado el que introdujo la muerte entre los hombres; y, al haber sido Satanás quién indujo a pecar a Adán y Eva, fue él el principal responsable de que la muerte se haya incorporado a la dinámica de la existencia humana como una consecuencia del pecado. Pero y si los hombres morimos aún después de Cristo: ¿cómo entonces se dice que Cristo vino a “deshacer las obras del Diablo”? La respuesta es que la muerte a la cual Cristo venció no es la muerte del cuerpo sino la muerte del sujeto, la muerte del alma. Solo luego de Cristo se abren las puertas a la vida eterna, a la resurrección para aquellos que le siguen y que “comen de su cuerpo y beben de su sangre”. De ese modo, la muerte que Satanás introdujo a través del pecado es expulsada a través del sacrificio redentor de Cristo en la cruz.

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Padre de la mentira y astuto agente de perdición capaz de cambiar su apariencia:

Jesús nos dice que en Satanás no habita la verdad y que es “padre de la mentira”. Pero no es solo un mentiroso sino que también, según se nos cuenta en Corintios 11:3-1 y Timoteo 2:14, es un ser muy astuto que ya desde el Edén vino utilizando sus argucias para tentar con el instrumento de la mentira y que seguirá utilizando su astucia para hacer caer a los discípulos de el Salvador (1 Corintios 7,5; Apocalipsis 2,10). Finalmente, Satanás es un ser que es capaz de aparentar lo que no es para engañar y descarriar. Por eso en Mateo 7:15 se nos presenta como un “lobo con piel de oveja”, en muchas partes del Apocalipsis se presenta su actividad como engañosa y de estravío para “las naciones” o la “tierra entera” e incluso en 2 Corintios 11,14 se nos dice que puede disimularse “cual ángel de luz”, lo cual sorprendentemente lo vemos siglos después constatado en el libro Florecillas cuando se nos cuenta que, estando enfermo y a poco tiempo de morir, a San Francisco de Asís se le apareció Satanás con la apariencia de un Jesús esplendoroso, siendo que él logró distinguir el engaño por las cosas poco éticas que ese supuesto Jesús le decía.

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Satanás y su poder sobre el mundo

Jesús nos dice que Satanás es “príncipe de este mundo” y, cuando lo tienta en el desierto y le ofrece todos los reinos de la Tierra, nos damos cuenta de que Jesús está en lo cierto.

Para esclarecer el papel de Satanás como ente cuya influencia sobre este mundo es predominante, resultan perfectas las palabras del cardenal Jorge A. Medina Estévez, quien nos dice que: ‹‹“Príncipe de este mundo” alude al poder que el Maligno ejercita en la sociedad, infiltrando en ella antivalores y obteniendo que los hombres rechacen los designios de Dios y construyan las relaciones sociales prescindiendo de Él e incluso contrariando su voluntad. Este «nombre» está relacionado con la afirmación de San Juan de que “el mundo entero yace en el Maligno” (1 Jn 5, 19) y es vecino a la expresión “dios de este mundo” (2 Cor 4, 4), la que implica que Satanás logra que haya hombres que sustituyan a Dios por otras realidades: de ahí las diferentes y variadas formas de idolatría que esclavizan a la Humanidad››

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Satanás y la Demonología

Para Peter Binsfeld, dentro de su De confessionibus maleficorum et sagarum (De las confesiones de los hechiceros y las brujas) publicado en 1589, Satanás sería uno de los siete príncipes del infierno, el cual sería el grupo de demonios encargados de gobernar el lugar de las almas condenadas y de representar a los siete pecados capitales siendo cada príncipe la encarnación de un pecado capital. En el caso de Satanás, él es el cuarto príncipe y representa a la ira, siendo que Lucifer es un demonio distinto y ocupa el rango de primer príncipe representando al pecado de la soberbia.

Collin Plancy, que en su Diccionario Infernal de1863 creó la jerarquía demoníaca más completa hasta la fecha, nos dijo que el gobierno del infierno se dividía en los siguientes grupos (que a continuación están en orden decreciente de importancia): príncipes y dignidades, con 10 miembros; ministros de despacho, con 5 miembros; embajadores, con  7 miembros; encargados de la justicia, con apenas 2 miembros; encargados de las distintas funciones dentro de la llamada Casa de los Príncipes, con 12 miembros. Para Plancy, Satanás está en el primer grupo (príncipes y dignidades) y es el segundo al mando después de Belcebú, siendo un príncipe destronado y encargándose del llamado “partido de la oposición”. Cabe mencionar que, para Plancy, Satanás no es el mismo demonio que Lucifer, siendo Lucifer en el sistema de gobierno el principal encargado de la justicia.

La Biblia Satánica, escrita por LaVey en 1969, nos habla de que el infierno está gobernado por los llamados “cuatro príncipes de la Corona del Infierno”, un cuarteto de demonios donde cada miembro representa a uno de los elementos principales (aire, tierra, fuego y agua), gobierna una de las cuatro grandes zonas (Norte, Sur, Este y Oeste) del infierno e influencia la correspondiente zona en la Tierra, además de tener ciertos títulos particulares. Allí Satanás representa al elemento del fuego, controla el Sur y encarna las características de la rebeldía, la resistencia, la heterodoxa búsqueda de cambios y la voluntad de progreso.

El Padre Antonio Fortea, quien a la fecha es el mayor exorcista de España y ha escrito un tratado de Demonología titulado Summa Daemoniaca, nos dice que Satanás es el demonio que gobierna sobre todos los otros demonios; cito: ‹‹Aunque se suele hablar del Demonio, en realidad hay muchos demonios, cada uno distinto, pero hay uno que es el jefe de todos los demonios, el más poderoso: Satanás››. También, y contra la imagen del demonio cornudo y barbón que hay de Satanás en el imaginario social, el Padre Fortea nos dice de Satanás que: ‹‹no tiene cuerpo, no tiene color, ni una forma visual, ni cuernos, ni alas, ni colas. Es una entidad incorpórea, invisible››.

Por su parte, el Padre Gabriele Amorth ―que es hasta el día de hoy el exorcista que más exorcismos ha realizado y que además tiene el mérito de haber escrito varios libros sobre la actividad exorcista y ciertos asuntos de la Demonología―  nos ha hecho saber a través de ciertas entrevistas y de algunos de sus libros lo siguiente: 1. Satanás ha conseguido y sigue consiguiendo sus éxitos más significativos a través de la incredulidad con respecto a su existencia. Es así que ha influenciado para que la sociedad sea cada vez más permisiva, más arreligiosa, más carente de temor a Dios y apegada al hedonismo. 2. El gobierno de Satanás se basa puramente en el miedo ya que entre los demonios solo hay odio y no cabe el amor o la admiración como sucede en el gobierno celestial. 3. Satanás le teme a la Virgen más que a cualquier otra cosa ya que, aunque Cristo sea más fuerte que la Virgen, Satanás aborrece ser expulsado por “una criatura humana” como es la Virgen, la cual es el espíritu humano con mayor poder para interferir en su contra.

Finalmente y para ya acabar, algo que muy pocos conocen es la lista puntual de lo que en este siglo XX más le agrada y desagrada a Satanás. La fuente que nos informa sobre las preferencias del Príncipe de los Demonios es una fuente tan confiable como el sacerdote y monje benedictino Marcello Pellegrino Ernetti, quien murió hace poco (1994) en Venecia pero fue en vida uno de los mayores exorcistas que hayan nacido en suelo italiano. Él, que además de sacerdote y teólogo era científico, nos dejo en una de sus obras un recopilatorio de respuestas que obtuvo de Satanás durante todas las veces que se lo encontró a lo largo de su extensa carrera como exorcista. La lista es esta:

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Lo que más le agrada a Satanás:
* La profanación de las hostias consagradas.
* El aborto, porque trae la muerte de niños inocentes.
* La droga, porque priva a los jóvenes de la cordura.
* El divorcio, porque destruye la armonía familiar.
* Los atuendos exhibicionistas (escotes generosos, minifaldas, etc) de las mujeres (obvias razones…)
* Los eclesiásticos que niegan su existencia, ya que así le dan más poder de influir…

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Lo que más le desagrada a Satanás:
* La confesión, porque libra de culpa a los sujetos y la culpa los acerca a él.
* La Eucaristía, ya que vuelve a los sujetos más resistentes a su influencia.
* La adoración eucarística, porque los acerca a Dios.
* El amor a María y el rezo del rosario, ya que la Virgen es la mayor adversaria de él después de Dios
* Las apariciones de la Virgen, ya que causan conversiones masivas.
* La obediencia al Papa, puesto que conserva la unidad cristiana.
* La oración de las almas contemplativas, puesto eleva espiritualmente a los hombres.

 

 

FUENTES: 12345678910

 


[1] Aquí no hablaremos del Diablo antes de la caída, eso ya lo hicimos en el artículo titulado “Lucifer – El ángel caído”. En este artículo hablaremos solamente del Diablo después de la caída y lo haremos sobre todo a partir de la visión del mismo como Satanás.