Los siete pecados capitales han tenido, tienen y seguramente seguirán teniendo una enorme importancia en las concepciones morales de la civilización, sobre todo de aquella parte de la misma influida por el Cristianismo. Y es que, lejos de ser simples categorías teológicas, representan tendencias asociadas a características inherentes a la naturaleza humana. Pero, ¿cómo surgió la idea de los siete pecados?

La idea tuvo su raíz en las concepciones del asceta Evagrio el Póntico, un religioso del siglo IV conocido como el Solitario. Él habló de ocho oscuras pasiones humanas: ira, soberbia, vanidad, envidia., avaricia, cobardía, gula y lujuria. Más tarde, en el siglo siguiente, el sacerdote rumano Juan Casiano quitó a la cobardía de la lista y nos dio a los siete pecados que hoy conocemos: soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula, lujuria. No obstante, para adquirir la importancia que hoy tienen, estos siete pecados necesitaron de la venida del papa San Gregorio (540-604), quien tomó la decisión de oficializarlos en el siguiente orden descendente de gravedad: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza.

Dicho esto los dejamos con una magnífica serie de siete documentales de History Channel, una serie en donde cada documental aborda a profundidad uno de los pecados capitales. Veremos así no solo la perspectiva religiosa sobre tal o cual pecado sino también lo que dice la Ciencia, de modo que, lejos de dejarnos con respuestas absolutas, estos documentales nos mostrarán lo polémica que resulta (hasta cierto punto obviamente…) la pecaminosidad de tendencias como la lujuria y el orgullo (raíz de la soberbia) que, lejos de ser desviaciones de la esencia del hombre, obedecen a impulsos derivados del instinto de conservación, a impulsos que están anclados en estructuras cerebrales y que solo en ciertas magnitudes y formas expresan una auténtica desviación destructiva de la naturaleza humana.

Soberbia:

Avaricia:

Lujuria:

Ira:

Gula:

Envidia:

Pereza:

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