Unos, como los miembros de una secta cristiana que literalmente se crucificaban, usan el dolor como forma de sacrificio y penitencia, o bien como muestra de la capacidad que tienen para entregarse a la adoración de su Dios; otros, como los santones de la India que se cuelgan (en palos giratorios) de la espalda incrustándose ganchos, consideran al dolor como una vía para trascender al cuerpo y alcanzar la iluminación. Pero también hay quienes ven en el dolor un vehículo para conseguir estados alterados de conciencia, o bien, si está ligado a algo de profundo simbolismo espiritual como el fuego, pueden usarlo para alcanzar experiencias rituales cargadas de misticismo y posibilidades de descubrimiento interno: así, un hombre que actualmente dirige un grupo de personas que se reúnen para practicar rituales en torno al fuego, cuenta lo siguiente sobre una vivencia transformadora que tuvo en un festival donde se quemaba una estatua inmensa de madera y paja y, en medio de un contexto ritualista ligado al fuego, la gente solía experimentar gran dolor; pero él, que amaba las llamas desde niño, recuerda sobre aquellos momentos en que imbuido por el impulso de su alma caminó sobre las ascuas, sobreponiéndose al dolor: “Me quedé allí de pie, mirando a la gente que se retorcía de dolor. Las llamas lo envolvían todo, me rodeaban y me di cuenta: estoy en casa”

Tags: ,