El caso de Marta representa un ejemplo de posesión demoníaca enormemente difícil de tratar. En él, más de cuarenta demonios tomaron parte. El Padre Antonio Fortea, quien es el mayor exorcista de España y una autoridad mundial en el ámbito de la Demonología, se encargó de este largo exorcismo que duró desde el 2002 hasta el 2008.

 

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‹‹A lo largo de todas las sesiones y años que llevo ayudando a la gente en este ministerio puedo decir que he hablado muchas veces con el demonio. Por supuesto que estos diálogos han tenido lugar siempre a través de los posesos. Hablar con los demonios me ha revelado lo terrible que es su psicología. Cuando en medio de las oraciones, retorciéndose el poseso de dolor, le he dicho: “¡necio!, ¿por qué sigues ahí dentro si estás sufriendo?” Él me respondía sin dudarlo ni un segundo: “para hacer daño”.›› 

(Summa Daemoniaca, Padre Antonio Fortea)

 

El exorcismo de Marta, una extensa lucha de santos y demonios

El caso del exorcismo de Marta[1] es uno de los más largos y complejos que se conocen hasta la fecha. El Padre Antonio Fortea, quien a la fecha es el mayor exorcista de España y una autoridad mundial en el tema del exorcismo y en la Demonología en general, empezó a tratar el caso un 23 de marzo del 2002[2] y, según dio a entender durante una conferencia en México, recién en el 2008 el caso fue solucionado.

Como pocos, del exorcismo de Marta se puede decir que ha venido dándose como una verdadera guerra entre los espíritus de la luz y los demonios. La razón de esto es que todo comenzó con una secta satánica en la que Marta estuvo involucrada y en la que un chico se obsesionó terriblemente con ella, canalizando en parte su obsesión a través de siniestros rituales de invocación que él y otros miembros de la secta han venido efectuando (y al parecer lo siguen haciendo) a lo largo de los años que el caso de Marta ha durado. Por ello, los rituales mencionados han estado actuando como una fuente desde la cual han sido convocados todos los demonios que han atormentado a Marta, ya que todos y cada uno de esos rituales fueron efectuados con la finalidad precisa de enviar determinados demonios a tomar control de Marta. Allí tendríamos entonces el primer frente de combate, el de La Oscuridad, conformado por Zabulón, Satanás, Lucifer, Belcebú, Fausto, Azabel, Perfidia, Odio, Jánser y otros demonios más. En cuanto al segundo frente, el de las fuerzas de La Luz, ha tenido como combatientes al Padre Fortea, a la madre de Marta (que ha colaborado con incesantes oraciones), a San Jorge, Santa Teresa y otros santos como presencias ocasionales, al Arcángel San Miguel, a Jesús, a La Virgen, a todos los hombres y mujeres que estuvieron junto al Padre Fortea en las sesiones de exorcismo, a la propia Marta (que ha resistido en la medida de sus fuerzas al Maligno) y a muchos otros que por economía verbal o desconocimiento se omiten ahora.

Otro aspecto importante de este exorcismo es que, sobre todo gracias a la narración que de aquel hace el Padre Fortea en Summa Daemoniaca, se ha conseguido un material importantísimo para entender no solo el pensamiento y la naturaleza de varios demonios sino también ciertas cuestiones teológicas. Esto, al igual que en otros casos de exorcismo pero en una medida mucho mayor, se posibilitó porque muchas veces los demonios fueron obligados a hablar, porque eran muchos los demonios, porque el caso ha tenido una extensión inusitada y, desde luego, porque dentro de su narración el Padre Fortea dio una importancia particular a todas las declaraciones que obtuvo de los demonios que atormentaban a Marta.

Por último, solo cabe advertir que, cuando el padre Fortea escribió sobre el caso de Marta, no relató su evolución más allá del 2004. Por ello y porque ni Fortea ni nadie (aparentemente) ha dado a conocer qué sucedió en todos los años que pasaron hasta su resolución en el 2008, solo es posible dar una idea sobre las primeras etapas del proceso.

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El origen del mal y los inicios del combate exorcista

Los síntomas de Marta, una universitaria que seguía una carrera en el ámbito de las Ciencias[3], habían comenzado antes del 2001. De hecho, en el 2001 Marta había sido ingresada a la Unidad de Cuidados Intensivos (U.C.I.). Tenía convulsiones, volteaba los ojos, gritaba como desaforada; pero, hasta el momento, no daba ningún indicio incuestionable de estar bajo el poder de algún mal sobrenatural. Doce fueron los días que Marta estuvo ingresada en la U.C.I., doce largos días en que su madre no hizo otra cosa que rezar y rezar por la salud de su hija.

Una vez que concluyó el tratamiento de Marta en el U.C.I., ella y su madre regresaron de nuevo a su vida normal en aquella casa donde únicamente vivían ellas dos (el padre había muerto hace años). Todo parecía que iba a ir bien pues aparentemente Marta estaba sana; aunque, habiendo pasado apenas un poco de tiempo, la madre de Marta empezó a notar crujidos y otros ruidos sin explicación aparente dentro de la casa. Además, Marta estaba mostrando un comportamiento extraño: no quería ir a misa, a veces mostraba repulsión por las cosas religiosas (crucifijos, rosarios, cuadros, etc), bostezaba con frecuencia excesiva cada vez que su madre oraba ante ella, lanzaba de vez en cuando miradas aterradoras; se sentía agotada con frecuencia, tenía en ciertas ocasiones dolores agudos que la atacaban en cualquier parte de su cuerpo aunque principalmente en la cabeza; y, por todo ello, había empezado a experimentar serias dificultades para concentrarse en sus estudios. Hasta allí todo podría tener una explicación científica y la madre no descartaba la posibilidad de acudir a psiquiatras y psicólogos. Sin embargo, un día ocurrió algo que terminó por convencerla de que aquello con lo cual estaban lidiando no era algo natural: estando las dos juntas en el salón, Marta empezó a mover la cabeza cual si fuera un chamán o un místico en trance, luego se quedó completamente quieta y entonces, aquel pesado butacón en el que ella estaba sentada, se levantó del suelo y se quedó flotando a aproximadamente un palmo de distancia del suelo…

Una entidad infernal estaba allí y había que hacer algo. Fue así que la madre de Marta emprendió un largo “peregrinaje eclesiástico” en busca de ayuda. En sus inicios fueron donde el obispo de su diócesis pero éste les recomendó un psiquiatra y le ordenó a su secretario que no les volviera a permitir una audiencia con él; luego, tras ir al psiquiatra, solo obtuvieron un informe según el cual la chica estaba sana; desesperadas, fueron a varias iglesias encontrando en todas una negativa a atender el caso. Sumado a las negativas, estaba el hecho de que Marta había comenzado a mostrar unas contorsiones mucho peores, unas contorsiones en que se arqueaba hasta medio metro por encima de la cama; ante eso, la madre acudió a un sacerdote en el cual tenía ciertas esperanzas pero, en vez de encontrar ayuda, encontró una actitud despreciativa y la recomendación insultante de que ambas fueran a un psiquiatra…Nadie quería ayudar y el tiempo pasaba, por lo cual la madre de Marta se desesperó aún más y, en el menor tiempo posible, visitó a un gran número de sacerdotes y otros religiosos (monjes, monjas, etc), encontrando no solo gente indispuesta sino cruel como aquel jesuita que, cuando Marta se echó a llorar e implorarla ayuda en el confesionario, él la sacó con rudeza y desprecio.

Tras mucho intentar, consiguieron algo un día en que habían acudido a un viejo sacerdote de su parroquia al que veían por vez primera. Y es que, justo cuando estaban los tres en la iglesia, Marta fue arrebatada por un demonio y empezó a revolverse y gritar ante el crucifijo del altar. Tan grotesca fue la forma en que lo hizo que el anciano sacerdote dijo que había recibido el “susto de su vida” y, aterrado ante lo que presenció, le insistió al obispo para que enviara un exorcista. Pero, lejos de ser esa la solución, el exorcista que enviaron parecía ser alguien que estaba improvisando en ese campo ya que, según cuenta el Padre Fortea, no solo que no sabía muchas técnicas de exorcismo sino que, entre otras cosas, cada vez que la poseída incrementaba los gritos ante las recitaciones de oraciones, el exorcista se detenía siendo sabido que en esos casos lo que hay que hacer es orar con más fuerza e insistencia. Finalmente, el pobre e inexperto exorcista terminó enfermándose como consecuencia del impacto que le producían las sesiones de combate con las fuerzas de El Maligno; y, tan severa fue la crisis de salud en que entró, que tuvo que cancelar el proceso de exorcismo y pese a eso permaneció enfermo por meses…

Paralelamente a todo lo anterior, Marta y su madre continuaban en la universidad y el trabajo y, estoica y abnegadamente, habían guardado y seguirían guardando la firme resolución de no decir nada sobre el tema de la posesión a familiares o amigos.

Pero a pesar de todo debían seguir intentando, por lo cual la madre de Marta se encargó de conseguir los números de todas y cada una de las diócesis de España, obteniendo en cada diócesis la respuesta de que no había exorcista alguno que pudiese ayudarlas (¡a pesar de que antes ya habían estado con uno!) y de que lo único que podían hacer era acudir a un psiquiatra. Afortunadamente, la madre de Marta había terminado por enterarse del gran exorcista romano Gabriel Amorth[4]; el cual, muy sensatamente, les comunicó que no tenía sentido que fueran a Roma y que lo que tenían que hacer era buscar un exorcista en España.

Hasta allí todo parecía perdido; mas, sin que haya pasado mucho tiempo, la casualidad quiso que ambas terminasen por enterarse del Padre José Antonio Fortea. La ayuda, tras largos meses de angustias y fracasos, había arribado a sus vidas. Así, el Padre Fortea se entrevistó con ambas y, luego de asegurarse de que el caso presentaba todas las condiciones necesarias para ser catalogado como una auténtica posesión demoníaca, aceptó tomar las riendas del asunto e iniciar el proceso el 23 de marzo del 2002. De su parte, madre e hija solo tendrían que poner el tiempo, el esfuerzo y el dinero (que no era mucho) para trasladarse cada cierto tiempo a la diócesis de la ciudad de Alcalá de Henares, diócesis en la que trabajaba el Padre Fortea.

En la primera sesión (23/03/2002), el Padre Fortea trajo a cuatro personas para que le ayuden a orar y a sujetar a la poseída en caso de ser necesario. Dos fueron las horas que estuvieron orando; después, ya en medio proceso de exorcismo, Fortea le ordena (en nombre de Jesucristo) al demonio[5] que diga cuántos hay dentro de la chica y él responde que “cinco”, mostrándose así desde sus inicios la dificultad del caso. Luego, y es aquí donde se confirma la raíz del caso expuesta mucho antes, el Padre Fortea le pregunta al demonio que cómo entró en la chica y, tras tener que obligarlo a responder en nombre de Jesús[6], él nos cuenta que: ‹‹Al final respondió. Pero cuando lo hizo yo no entendí nada. Era el nombre de un chico. ¿Qué significaba aquello? La madre me dijo que era el nombre de un compañero de clase de su hija. En latín volví a insistir en que me dijera de qué medios concretos se había servido para entrar en esa persona. Tras insistir yo en mi orden, la respuesta entrecortada que obtuve fue hechizo de muerte”. Todo estaba claro. La enfermedad que había padecido y que casi la había matado era el fruto de un hechizo que había llevado a cabo ese chico. Por las muchas oraciones de su madre, Marta se había salvado, pero había quedado posesa. Normalmente este tipo de cosas no suceden aunque alguien haga un hechizo, pero cuando se invoca a estas fuerzas demoníacas cualquier cosa puede pasar. Cuando una persona va a Misa y se confiesa está protegida por Dios. Y probablemente si hubiera rezado el Rosario hubiera estado protegida. Pero solo con la Misa, y aun confesándose de vez en cuando, no fue suficiente para que el hechizo no hiciera efecto en su cuerpo en forma primero de enfermedad y de posesión después.››

Tras esa sesión vinieron innumerables sesiones a razón de una cada semana, sesiones en las que en general acudían cuatro o cinco personas como ayuda para orar (el Rosario sobre todo) o sujetar a la poseída, sesiones en las que la madre de Marta solía pasar horas arrodillada en el piso repitiendo Rosario tras Rosario…De aquellos exorcismos, nos dice Fortea que nada recordaba Marta, que solo “tenía una vaga sensación como de haber pasado por una pesadilla”.

En cuanto a los cinco demonios descubiertos en la primera sesión, cuatro de ellos (Fortea omite el nombre de uno de ellos) eran los siguientes: Fausto, Perfidia, Azabel y Zabulón. Todos, a excepción de Zabulón, salieron a lo largo de ocho sesiones. Para expulsarlos, además de los métodos generales, Fortea necesitó encontrar lo que más atormentaba a cada uno[7]; siendo que, por ejemplo, a Azabel curiosamente le resultaba insoportable oír el sonido que hacía la madre de Marta al besar su crucifijo.

Zabulón, que según investigaciones de Fortea había sido mencionado en escritos medievales y había aparecido cuatro veces en la historia siendo la penúltima en los exorcismos del Padre Candido Amantini (maestro del gran exorcista Gabriel Amorth), era un demonio que se resistía a salir y al que atormentaba particularmente el ser obligado a recitar fragmentos de la Biblia, sobre todo de aquellas partes como el Evangelio de San Juan en que se menciona a Dios como Luz.  Dentro de esa aversión de Zabulón, algo que resultó sorprendente fue que en varias sesiones, sin que se lo obligue a decir la frase, él dijo con rabia y pesar lo siguiente: ‹‹Yo vi la luz y me alejé de ella››. Cuenta también el Padre Fortea algo que resulta hilarante y llamativo en relación a Zabulón; dice: ‹‹Cuando se le ordenaba que besara una estampa de la Virgen le daba mordiscos. Sin embargo, a pesar de esta rebeldía, cuando se le ordenaba beber el agua bendita en nombre de Cristo, la bebía. Aunque había que ordenarle después que la tragara. Pues de lo contrario más de una vez algún poseso me ha regado la cara varios minutos después con el contenido de su boca.››

De entre todos los demonios que pasaron por Marta, Zabulón fue uno de los que dio declaraciones más valiosas e interesantes. Una de ellas resultó particularmente polémica y tuvo al Padre Fortea sumido en profundas cavilaciones hasta que por fin encontró una solución lógica que le permita comprender cómo la declaración de Zabulón podía ser verdadera y a la vez Escrivá de Balaguer (fundador del Opus Dei) ser santo, puesto que la declaración de Zabulón había sido dada bajo obligación en nombre de Cristo —recuérdese que la teoría eclesiástica del exorcismo dice que, si un demonio habla obligado por el nombre de Cristo, no miente— y según esa declaración José María Escrivá de Balaquer no era santo. La solución de Fortea fue que, ya que cuando el demonio emitió esa declaración Escrivá de Balaguer no había sido canonizado, aquel era entonces santo por derecho (tenía la condición moral y los méritos necesarios para ser canonizado, tenía derecho a la canonización) pero aún no era santo de hecho (esto es: santo según el veredicto de la Iglesia expresado en la canonización): de ese modo la figura de Balaguer seguía impoluta y, el postulado de que los demonios no mentían bajo el nombre de Cristo, se salvaba de ser contradicho. Sin embargo es evidente que el Padre Fortea se había auto-engañado con un refinado sofisma y que el demonio había dicho una verdad llana en tanto que había dicho que José María Escrivá de Balaguer no era santo en ningún sentido (ni de hecho ni de derecho). La información que avala esto es numerosísima en la web[8] y nos permite comprender que José María Escrivá de Balaquer era un misógino, un enfermo mental y sexual, un tipo colérico y autoritario; y que, sin lugar a dudas, la canonización de José María Escrivá de Balaquer fue un fraude porque se omitieron los elementos contrarios a la misma. Finalmente, el asunto de la tan polémica (y real) declaración del demonio Zabulón se puede apreciar muy bien en las siguientes palabras del Padre Fortea: ‹‹Solo una vez por más que le di vueltas pensé que Zabulón me estaba engañando por más que insistí en mi orden, el hecho me dejó muy perplejo. En un momento dado invoqué a varios santos. En mi oración en voz alta le pedí a la madre Teresa de Calcuta y a Josémaría Escrivá de Balaguer que nos ayudaran. Entonces aquella voz desagradable habló, cosa extraña pues casi nunca decía nada salvo que se le obligara a hablar. Pero en esa ocasión dijo: “ella sí que es una Santa” (la madre Teresa de Calcuta), “él no” (Josémaría Escrivá de Balaguer). Yo le repliqué al momento diciéndole que estaba mintiendo. El demonio me dijo: “piensa lo que quieras, pero no es Santo”. Le dije que creía a la Iglesia, y si la Iglesia me decía que Josémaría Escrivá era Santo pues lo era, y punto. Y es más, quise comprobar el poder del nombre de Cristo y le ordené que dijera la verdad. Pero ante mi sorpresa, por más que se lo ordené se mantuvo en su afirmación sin ceder››

Luego de Zabulón desfilaron muchos otros demonios por la pobre Marta; pero, ya que no se tiene un registro completo de todo o de la mayor parte del proceso de exorcismo de Marta, poner todas las sesiones de exorcismo que se han relatado o incluso la mayor parte de las mismas, carecería de sentido en el contexto de este artículo. Por ello, a continuación lo que se expondrá será lo siguiente: primero, una lista con todos los demonios que han pasado por Marta y han sido nombrados en lo que el Padre Fortea escribió sobre el caso; segundo, una selección de los fragmentos más reveladores e impactantes de lo que el Padre Fortea ha redactado en torno al caso de Marta.

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Los demonios de Marta: lista incompleta[9] de un batallón infernal

Satán, Lucifer, Belcebú; Judas Iscariote[10]; Dolor, Tristeza, Desesperación, Agonía, Enfermedad, Veneno, Muerte, Miedo, Desconfianza, Negación, Separación, Discordia, Maldad, Odio, Perversión, Dureza, Soberbia; No, Isomnio; Noise (“Ruido”); Herir; Jaizel, Jaisander (“El que negó a Dios”), Jaim (“Oscuro”), Jasar (“Muerte”), Jael (“Pesar”), Jaister (“Perdición”), Jaislashenka, Jánser (“La luz que se apagó”); Ledeseil (“Desobediencia”), Belseinhagen (“El que se hundió en la miseria y las tinieblas de Dios”), Fireflea (“Pulga de fuego”), Zabulón (“Morada”), Kadetdsar (“Impuro”), Daheinsea (“Maldad”), Sadrechachán (“Separación y Miedo”), Haissa (“Hundido”), Zafa; Judas Iscariote

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Fragmentos reveladores e impactantes

Sobre el porqué de la negativa divina a dejar salir a un demonio:

‹‹En un momento dado decidí preguntarle por qué no salía. Le ordené en nombre de Jesús que me respondiera, insistí, perseveré en la pregunta. Finalmente dio una respuesta, quizá la única respuesta que yo no me esperaba A la pregunta de por qué no salía, la respuesta había sido: yo quiero salir. A la pregunta de por qué entonces no salía la respuesta era: Dios no me deja. Aquello era el mundo al revés. Aquello subvertía todos mis esquemas. El sacerdote tratando de hacer salir al demonio, el demonio queriendo salir y Dios que no le dejaba salir. Aun así, confiando más en Jesús en el Sagrario, hice con Fe, en un supremo esfuerzo de Fe, la pregunta: en el nombre de Jesús te ordeno que me digas por qué Dios no deja salir. El demonio dijo únicamente cuatro palabras. Musitó con rabia cuatro sencillas palabras: para que se conciencien. De pronto todo tenía sentido: las respuestas anteriores, lo mucho que se estaba prolongando el caso…[…]…La madre entendió perfectamente desde ese día que la concienciación era parte integrante de la liberación de su hija. El caso de Marta no era un caso más, era un caso-signo. Un caso de posesión dado como signo para que mucha gente creyera.››

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La terrible voz de Satanás:

‹‹Aquella mañana, en la posesa se encontraba solo Satán. Al principio de la sesión le pregunté: ¿cuántos estáis? la respuesta fue: YO. Lo dijo con una voz terrible. Escuchar a Satán es impresionante, su voz es la peor, la que más odio denota. Las oraciones en aquella mañana siguieron. En un momento dado hizo gesto en el aire con la mano de querer escribir. Pero fue San Miguel el que se comunicó con nosotros a través de la escritura, pues nos escribió lo siguiente: tenéis que tener fe, queda poco. Los ángeles no hablan a través de los posesos, pero aquel caso iba a ser especial.››

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La primera manifestación verbal de San Miguel en la lucha por liberar a Marta:

‹‹Él (Jánser) insistió que Satán no le dejaba, cuando le pregunté al demonio qué tipo de poder era ese me respondió con un lacónico tú no lo entenderías. Al final, tras mucho invocar a San Miguel, vino. Tras salir habló a través de ella San Miguel. Hasta entonces San Miguel se había comunicado con nosotros escribiendo, pero no hablando. Era la primera vez que lo hizo, también la última. Su voz, a diferencia de la del demonio, era bella. Más bella, incluso, que la de Marta cuando estaba en estado normal. Era una voz que transmitía paz, serenidad, amor y bondad, una gran bondad y ternura. Todos nos emocionamos. Aquella voz nos dijo que tuviéramos fe, que vendría un gran bien para toda España de todo esto. Como es lógico aquella escena fue tan impresionante, que ningún escrito puede reflejar la emoción de ese momento, todos estábamos llorando.››

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Un truco revelado por San Miguel en una sesión de exorcismo:

‹‹Estamos solos la madre, la hija y yo. Y tres demonios. Pronto contestó el inferior que además de Satán y Lucifer estaba otro llamado Odio. Hacerle la señal de la Cruz era lo que más le atormentaba. Yo le hablaba del amor de Jesús, del amor de Dios. En un momento dado, y sin hacerle ninguna pregunta, hizo gesto de querer escribir. Al ponerle las hojas sobre el vientre escribió con una letra distinta a todas las letras anteriores: las cruces en la cabeza/casi ninguno las soporta/ muy importante hazlo a todos cuando vengan a ti/ a ninguno [de los demonios] le gusta signo tú hacer siempre.  Estas líneas se las obligó a escribir San Miguel, para que supiera cómo hacer para descubrir a los demonios que se ocultan cuando un sacerdote trata de discernir si alguien está poseso. Y es verdad que el padre Amorth siempre hacía sus oraciones con un gran crucifijo en la mano con el que hacía cruces en la cabeza cuando alguien llegaba a ver si estaba poseso.››

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Sobre lo que la Madre de Marta le contó que el demonio había escrito con la mano de su hija:

‹‹Me llamó la madre por teléfono para decirme que en casa había escrito lo siguiente:
No salvación a los hijos de Satán[11] no salvación.
libertad
el nunca feliz
no [se da] cuenta.
No salvación a los hijos de Satán.
Aviso nesta última palabra estaba metida en un recuadro doble]
los pactos hacen eso. No [metido en un recuadro] salvación.
Tú no entender nada. No Pedro almas perdidas
[Eso lo dijo porque la madre comentó que Pedro sería como un alma perdida. Pero quedaba claro que no, que iba hacia la condenación]
La voluntad lo niega
[Porque la madre antes había dicho que las almas perdidas no niegan a Dios]
Él lo odia.››
‹‹Yo no quiero que nadie rece, quiero que la gente no crea en
Dios. Quiero perder el máximo de almas posibles y llevarlos
a la más completa desesperación y pena, a la destrucción.
Los seduzco con falsas promesas que nunca cumplo para
atraerlos a la oscuridad. Hay gente que sin saberlo se va hundiendo
poco a poco porque no me ven.
No saben que detrás de “pequeños” vicios estoy yo
[La palabra ‘pequeños’ la escribió entre comillas y ‘yo’ dentro de un recuadro]
San Miguel me obliga a escribir porque ellos deben saber
para poder defenderse y no caer en mis redes. Yo busco su
perdición. La gente debe volver a Dios de forma intensa,
rezar, hablar con Dios, pedirle lo que necesitan, Él los escucha
siempre. Yo influencias fuertes para que la gente no crea.
Les inculco no creencia, no moral, nada es pecado, todo está
bien, les incito a la destrucción.
Los odio.
Ellos no se dan cuenta.
las cosas deben cambiar.
Tienen que saberlo: cuanto más se alejan de Dios más actúo
yo soy Satán.
Reza por ella lo necesita mucho. Tranquilas. Es pasajero, pasará››

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Un criterio para reconocer la ayuda invisible en los exorcismos:

‹‹Cuando en un momento determinado de un exorcismo (normalmente hacia el final de la sesión), un poseso grita y aúlla como si estuviera en los peores momentos de las conjuraciones del ritual y el exorcista no hace ni dice nada, es que ha venido un ángel o un santo y ha entablado una lucha invisible con él. En esos momentos el exorcista es mejor que ore en silencio, para sí, sin estorbar la acción del ángel con el demonio››

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En la expulsión del demonio Isomnio:

‹‹Así que opté sólo por orar y ordenarle que saliera. Después de tres rosarios, estaba yo orando en lenguas cuando de pronto comprobé con turbación que sólo me salía de la boca un sonido hecho sólo con los labios y no articulado con la garganta, un sonido que sonaba a un breve y repetitivo “psi”. Hubiera querido orar otra cosa, pero de mi boca sólo salía ese bisbiseo en voz muy baja que decía: psi, psi, psi…[…]…Aunque, ese psi, psi, psi a mí no me sonaba a nada que pudiera tener un significado, sin embargo, le producía una verdadera tortura al demonio. Al final salió. Y al siguiente demonio le pregunté cuál había sido la causa de que saliera. Y repitió ese sonido que yo pronunciaba ¿Pero qué significa?, le dije. Espíritu de Dios, fue su respuesta. Aquel sonido me parecía que difícilmente podía pertenecer a una lengua, así que le ordené que me dijera a qué lengua pertenecía. No dijo nada. Entonces dije a todos que rezáramos un avemaría para que nos dijera a qué idioma pertenecía aquel sonido extraño. El demonio no dijo nada, pero mientras rezábamos muy concentrados el avemaría comprendí que era griego.››

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Una extraña teoría sobre los condenados al Infierno (palabras que el Arcángel Miguel obliga a pronunciar a Satanás a través de la boca de Marta):

‹‹Dios tiene compasión de todos. Con que en un momento de sus vidas piensen en Dios, ya tienen posibilidad de salvarse. El demonio quiere corromperlos, hundirlos completamente y cuando ya sean suyos que no puedan salir, entonces los mata, el demonio los mata, acaba con ellos, para que sean completamente suyos. Pero Dios les da muchas oportunidades para que se salven, muchas oportunidades, un leve resquicio donde entre un poco de luz y se puedan salvar. Por eso viven tiempo. Cuando ya después de muchas, pero que muchas oportunidades, han decidido completamente con voluntad ser de Satán, entonces se mueren y se convierten en demonios.››

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Sobre los viajes astrales (diálogo entre Fortea y San Miguel haciendo hablar a Satanás con la boca de Marta):

‹‹En ese momento, en voz muy baja, le pregunté yo si el demonio estaba en la práctica del péndulo (radiestesia) y en los viajes astrales. Respondió con un breve sí. Después le pregunté si en las dos cosas, a lo que también respondió afirmativamente.

—¿Siempre? Le pregunté.

—No

—¿No siempre?

—No. Hay casos que sí, pero hay casos que no.

—¿Hay algún modo de distinguir?

—Rezando

—¿Los hombres pueden practicar viajes astrales si rezan?

No es recomendable. En algún caso especial no vendría mal. Pero sólo en casos excepcionales, como regla general no.››

 

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APÉNDICE: Un pequeño vídeo sobre el exorcismo de Marta


[1] “Marta” es en realidad un nombre ficticio que Fortea ha empleado para conservar el anonimato de la víctima, nombre que a través de la Prensa, la web y otros medios ha llegado a popularizarse pese a no ser real.

[3] Fortea, que es quien más datos ha revelado sobre el asunto, no ha querido especificar el nombre de la universidad y la naturaleza exacta de la carrera que la chica estudiaba: las razones, nuevamente, obedecen al propósito de evitar a toda costa pistas que puedan servir para romper el anonimato de la víctima.

[4] El Padre Amorth no se negó por mala voluntad u otra razón de esa índole: él, que aparte del anciano era el único que no les mandó a ver un psiquiatra, les dijo que debían buscar un exorcista en España porque, evidentemente, solo alguien con elevadísimos recursos económicos podría aguantar los meses o hasta años que podrían necesitarse de estadía o viajes continuos a Roma para concluir debidamente el exorcismo. Y, en lo que concernía a Marta y su madre, ellas eran personas de bajos recursos (aunque no eran pobres) y algo así —esto lo tenía claro la madre de Marta— las habría arrostrado a la bancarrota y el endeudamiento.

[5] Se usa “demonio” con minúscula porque, cuando aún no se sabe de qué demonio se trata, quien responde a las preguntas del sacerdote puede ser, al menos en teoría, cualquier demonio (incluso si hay varios en la persona poseída). En cambio, si se hubiese utilizado “Demonio” con mayúscula, aquello aludiría a Satanás, rey del infierno.

[6] Dice Fortea que   “cuando a un demonio se le ordena en el nombre de Jesús que responda a una pregunta, una de dos: o se calla o si responde dice la verdad. Desde luego si se insiste en el nombre de Jesús acaba diciendo la verdad, porque a veces la primera respuesta puede ser cualquier cosa”.

[7] Dice el Padre Fortea que, para expulsar a cualquier demonio, casi siempre se necesita encontrar algo que le moleste especialmente, algo que le resulte insoportable y lo obligue a salir; lo cual, claramente, varía de demonio a demonio, odiando recitar escrituras unos, besar cruces otros, etcétera.

[8] Aquí se puede ver parte de esa información. Para que se vea que era un enfermo mental véase: http://jonathangarcialopez.blogspot.com/2009/12/escriba-de-balaguer-estaba-como-una.html; para conocer sus descomunales defectos (impropios de un santo) véase el testimonio de una ex miembro del Opus Dei: http://www.mgr.org/ODlopezEsp.html; y, finalmente, para ver el fraude de su proceso de canonización mírense estos dos links:  http://catt69.obolog.com/liv-opus-dei-secretos-435132 y http://www.masalladelaciencia.es/hemeroteca/escriva-de-balaguer-la-cara-oculta-del-fundador-del-opus-dei_id31002/discriminacion-y-sectarismo_id1251032.html.

[9] Es incompleta porque, evidentemente, en todos los años que Fortea no redactó, de seguro otros demonios de los que no tenemos noticia desfilaron por Marta.

[10] Más adelante, en uno de los fragmentos seleccionados, se entenderá porque Judas está en la lista de demonios.

[11] Hemos puesto las cosas tal y como el demonio las escribió (lo puesto en cursivas) a través de la mano de Marta, de modo que la mala ortografía del texto original se ha respetado para que se pueda apreciar en su forma verdadera.

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